En esas discusiones estériles que suelen tener los fanáticos del fútbol, muchas veces tan parecidas a aquellas bizantinas referidas al sexo de los ángeles, un tema recurrente es si Messi es mejor que Maradona o viceversa. Muchos dicen que a Messi todavía le faltan méritos para ser mejor que el actual DT de la selección de la AFA (me niego a reconocer al monopolio futbolístico como representativo de mi país), que no nos ha dado tantas alegrías como “el Diego” (en todo caso, las verdaderas alegrías fueron para los fanáticos que no basan precisamente sus asertos en el raciocinio y muy especialmente a los que facturan por ese negocio de múltiples facetas que es el fútbol en el mundo), que todavía le falta “madurar”, que no ha hecho suficientes goles, que es “pecho frío”, que no es capaz de “ponerse un equipo al hombro”, que le falta carácter, que no sabe del sacrificio de jugar infiltrado, que no “siente” la camiseta (¿la camiseta de quién? ¿la de “Adidas” ¿la de “Nike”? ¿la de “Le Coq Sportif”?), etc. Que a Messi le falta ganar una Copa del Mundo, que mientras “El 10” era el que armaba el juego, a “La Pulga” todos lo habilitan con sus pases que, en tanto “La mano de Dios” ha jugado en cinco equipos, “Lío” no demuestra nada fuera del Barcelona. Que, mientras uno “revolucionó el fútbol y las ciudades por las que pasó”, al otro le falta vivir otras culturas, superar dificultades, sufrir. Que Diego tenía una visión global del partido y eso le permitía asistir a sus compañeros, en cambio Lionel carece de esa percepción, por eso no puede hacer jugar al equipo.
No sé mucho de fútbol, y esto lo quiero dejar bien claro, pero tampoco es de deportes de lo que quiero hablar, si no de seres humanos. No conozco personalmente al ex jugador ni al joven crack, pero estoy absolutamente convencido de que Messi todavía es mejor que Maradona. No, no me confundí, todo lo contrario. Como se señalara en alguna revista especializada, Messi tiene varias asignaturas pendientes para ser como Maradona y trataré de enumerar, de memoria y en borrador, solamente algunas de ellas
Messi todavía no ha traicionado, (al menos que se sepa) a ningún amigo de la infancia y primer compañero de ruta en esto de ganar plata con el negocio futbolístico (¿el apellido Czysterpiller te dice algo?), tampoco a otro gran amigo del alma - el padrino... de una de sus hijas-, un sujeto de dudoso currículum vítae, complicado con el mundo de la droga y cierta clase de prostitución (¿el apellido Cóppola no te suena?). Entre las asignaturas pendientes de Messi, para convertirse en alguien digno de competir con Diego Armando está la de ser expulsado de un campeonato mundial por –dicho elegantemente- no superar el control antidoping, también le falta tener un hijo extramatrimonial y no reconocerlo, aun –que yo sepa al menos- no le ha sido infiel pública y notoriamente a su pareja de “toda la vida”, ni ha demostrado ser un mal padre (claro, tampoco tiene hijos hasta ahora).
Al “Lío” le falta que le “tiendan una cama” y lo detenga la policía drogado y compartiendo el lecho con algún amigo, ambos en paños menores. Lionel no ha hecho un gol con la mano en un partido internacional (o al menos no trascendió y por ello no se convirtió en ídolo nacional); no vive como un millonario y se hace dibujar un tatuaje del “Ché” Guevara (autodefinido como una fría máquina de matar) ni defiende al “demócrata” Fidel Castro, o critica al Papa. Tampoco es un tradicional obsecuente – es cierto que aun no ha tenido tiempo- de cada gobierno de turno (todos), hasta que el mismo comienza a declinar.
Messi no ha sido internado al borde la muerte por abuso de alcohol y drogas, ni sus allegados han tenido que peregrinar de institución en institución, rogando que alguien aceptara internarlo para su tratamiento.
Messi no injuria a Pelé o a otros grandes jugadores del mundo, ni denuesta a la FIFA o a la AFA (las manos que le dieron y dan de comer), como lo hace Maradona quien a la hora de cobrar sueldos fabulosos, ha demostrado ser tan servil como el que más.
Si, efectivamente, a Messi todavía le falta mucho para ser igual que Maradona y espero, desde lo más íntimo, que nunca, pero nunca, consiga siquiera igualarlo ya que no superarlo. Porque para ello debería ser mal amigo y peor marido, pésimo padre, deshonesto como deportista, mala persona y malversar ese inmerecido don del cielo que le permitía hacer “magia” con esa misma pelota que él manchara. Sería verdaderamente triste que así fuera.
Por ahora, al menos para mí, Messi es mucho, pero mucho mejor que Maradona.
de acuerdo en todo Mariano
ResponderEliminarMe parece que a la hora de hablar de deportes, cada uno puede tener una visión diferente ("De política, religión y fútbol no hay que hablar"). Pero cuando hablamos de un ídolo, hablamos de algo más que un simple deportista. Hablamos de alguien que debería representar a una mayoría, que tiene algo para admirar, que es un ejemplo a seguir.
ResponderEliminarCoincido en esta posición: no basta analizar a una persona por "los goles que metió" o por "las cosas increíbles que hacía con la pelota", porque si lo vamos a ubicar en lugar de un ídolo, tenemos que ver más allá. Ver su lado humano: si es realmente algo para admirar en su totalidad.
Si seguimos la errada línea de pensamiento, podemos decir que Hitler era muy inteligente, un estratega, alguien que no improvisó en todo lo que hizo, sino que tenía realmente estudiado cada paso. Pero creo que a nadie que tenga respeto por la diversidad de los seres humanos, se le ocurriría poner a Hitler como un ídolo.
(Si bien no me gusta Maradona como figura, quiero que quede en claro que no se trata de una comparación ni mucho menos. Me refiero al hecho de que no podemos ver una parte, dejando de lado el todo.)
Nunca vi (y espero no hacerlo) a Messi acuñando términos en inglés para aparentar "estar a la moda", ni haciendo alarde del dinero que gana.
Yo trato de mirar el todo. No sé si será que no soy un gran admirador de este deporte. O quizás es mi tendencia a admirar las acciones y no a los protagonistas.
Lo único que tengo claro, es que Messi (todavía) es mejor que Maradona...