martes, 15 de diciembre de 2009

Sacerdotes enamorados y sacerdotes con hijos

Sáb, 02/05/2009 - 01:53 — admin
Una vez más, a propósito de la nota publicada por Juan Carlos "Juanqui" Lynch en su blog personal QUÉ TE PARECE...? (http://juancarloslynch.blogspot.com/), sentí que tenía algo para decir y lo reproduzco textualmente:

Interesante el tema, Juanqui, como casi todos los que planteás en tu blog. Personalmente creo que quien se incorpora voluntariamente a una institución asume el compromiso de respetar sus normas y, si bien es cierto que hay un margen de incumplimiento que podríamos denominar "esperable", también hay quienes se mantienen fieles a las mismas.

Esto sucede en la Iglesia y en muchas otras organizaciones, algunas de ellas sensiblemente más flexibles que ésta. Es decir que estaría en la naturaleza humana violar las mismas reglas que nos imponemos como sociedad, en cualquier orden de la vida. El grado de gravedad y aplicación de los castigos previstos para cada caso señalan la importancia que se le concede realmente a la norma violada. Así las cosas, no nos debiería extrañar más que en otras instituciones que se presenten casos como los que mencionás en la nota y se apuntan en los comentarios.

Una de las cosas que más me preocupa de los católicos es la necesidad de justificar el propio incumplimiento de las normas cuestionándolas sobre el ejemplo, generalmente malo, de otros. Es muy sencillo, o estás adentro o afuera y si optás por esto último podrás ser creyente, pero no te podés denominar católico (al menos no Apostólico Romano), ya que ese status es propio de quienes asumen y respetan sus aspectos doctrinales y normativos en plenitud.

Ni musulmanes ni judíos, miembros de otras dos grandes religiones monoteístas, suelen hacer públicos cuestionamientos como éstos. En algunos casos les puede ir la vida en ello y en otros, precisamente por el grado de indiferenciación con la comunidad, las inconductas no se reconocen socialmente como propias de la función religiosa.
En cuanto a Lugo...es un caradura más, como muchos políticos. No me preocupan sus aventuras sexuales, si la mentira en la que basara su campaña. Pero ese es un problema de los paraguayos.

De paso pregunto ¿Grassi ya fue condenado por la justicia o aquí también se lo está prejuzgando?

Retomando ¿que pasaría si cambiáramos las normas simplemente por que hay muchos que nos las cumplen? Se me ocurre un ejemplo que, por supuesto no compara situaciones pero puede ayudar a reflexionar sobre ello: Un auto moderno supera los 100 km por hora en segundos, sin embargo ¿deberíamos eliminar las normas que determinan velocidad máxima en las ciudades por que hay muchos que no las respetan ya que es muy tentador hacerlo?

Finalmente, si el régimen fuera más laxo, muchísimos católicos querrían ser curas pero no creo que eso modifique demasiado la proporción de quienes vulneren las normas. Por otro lado, hay muchas maneras de servir a la Iglesia que no requieren ni celibato ni los mismos votos de los sacerdotes.

Gracias, una vez más, por este espacio, Juanqui y mis disculpas por extenderme tanto.

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